José Emilio Tallarico
Buenos Aires, Argentina
Hacia el río
¿Qué puede pedirte el mundo
más que un orgasmo o una muerte?
Brilla un zodíaco esmaltado en el cielo.
Los fantasmas del río se hinchan con el primer resplandor.
Lámina tras lámina acuden instantes azules, insulares,
como si el alma no tuviera nada que afrontar,
como si el homenaje de las aguas proveyera
de temblor suficiente, y fuera carne iluminada
la que desciende ahora, lenta, a trocarse en olvido.
Todo es póstumo en el zumbido lunar.
La brisa del sudeste cruzó desencajada estas veredas.
Ardió y huyó alguna vez. Pero ya es otra.
Se parece a la espalda de una hembra blanquísima.
Ansiaba transparencia la mitad de tus ojos,
pero he aquí las aguas con sus límites:
arena sucia, pedrerío, movimiento de objetos desgraciados.
Alguien tenía que mirar estas aguas, esta extensión velada.
¿Principio o fin? Alguien tenía que bajar, respirar hondo este aire.
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